¡México está de fiesta!

La época del Adviento para la Iglesia Católica es el tiempo de preparación ante la inminente llegada de Jesucristo, Dios hecho hombre por voluntad del Padre en el seno virginal de María Santísima. La liturgia católica nos propone este tiempo de espera como una oportunidad de ir más allá de la simple espera pasiva, expectante sin duda, pero nos invita a la reflexón profunda, a la disposición espiritual adecuada para el gran acontecimiento.

                            El nacimiento de Jesús

¿Cómo ha de ser esta preparación?

Antes que nada debemos tener muy claro que lo que estamos esperando no es un “algo”, algo que vaya a suceder, como por ejemplo dar y recibir algunos regalos, lo que estamos esperando es la llegada de un “Alguien”, es un encuentro personal lo que está por suceder, el encuentro de Dios Creador, en la persona del niño nacido en el pesebre hace más de dos mil años, y que hoy nos invita a hacer real su llegada, nuevamente como en aquél entonces, pero ahora, en lugar de ponerlo en el pesebre nos preparamos para instalarlo en el mejor lugar de nuestro corazón.

Por ello la preparación a la que nos llama la liturgia en este tiempo de Adviento, de espera, es la preparación de nuestra vida interior, de nuestra vida espiritual, por medio de la oración, de los buenos propósitos, de la reconciliación con Dios mismo y con nuestros hermanos, nuestros hermanos los hombres, la disposición a vivir en paz a pesar de las diferencias que tengamos, a desarrollar el espíritu de aceptación , de tolerancia, tolerancia y aceptación hacia cada persona, pero a la perosna como valor en sí misma, no a sus posibles errores y pecados. Ese es el resultado del auténtico encuentro con Jesús, que nos abre de par en par las puertas de su corazón, lleno de misericordia, para que nosotros abramos el nuestro al encuentro con Él fundamentalmente y con los demás, tal como lo hizo por ejemplo con María Magdalena, a quien querían apedrear por adúltera, Jesús interpela a sus acusadores diciendo, el que esté libre de culpa que le arroje la primera piedra, y al quedarse solo con ella, viene la parte central del diálogo, “yo tampoco te condeno, anda y NO PEQUES MÁS”, aquí se ponen de manifiesto dos consecuencias del encuentro con Jesús, el reconocimiento de nuestras propias miserias, y la disposición a la conversión, es decir a corregir aquello que nos impide el encuentro y el seguimiento del Señor.

Por eso en la oración que el mismo Jesús nos legó por medio de los discípulos dice, “…perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”.

Pero dentro de este tiempo de preparación, en el que estamos conscientes de que nos hace falta la presencia de Dios, la Iglesia nos brinda una especie de descanso o recreo, y nos invita a estar alegres, porque la llegada del gran acontecimiento del encuentro con Jesús ya se encuentra más próxima, por eso parte de nuestra alegría es que debemos estar con el ánimo y el corazón más dispuestos a recibirlo de lo que estábamos al principio del Adviento, por eso se llama a este tercer domingo el Domingo de la Alegría, porque la segunda lectura de la misa de este domingo da inicio con las palabras: “Alégrense”.

En la corona de Adviento se suelen colocar tres velas moradas y una de color rosa, que es la que se enciende el tercer domingo, parte del simbolismo de la vela rosa y de toda la corona de Adviento es que las velas moradas representan la obscuridad, la tiniebla del pecado y la tristeza de saber que nos hemos alejado de Jesús, pero conforme avanza el Adviento va progresando también nuestra conversión de corazón y esa alegría se manifiesta en este domingo, renovando así nuestro ánimo, de tal forma que aunque la cuarta vela también es morada, el día de Navidad se encenderá la gran vela blanca al centro de la corona, que simboliza y representa la iluminación interior que ha de producirnos la llegada y aceptación de Jesús en nuestro corazón, tras todo este período de preparación.

                   Nuestra Madre Santísima

En México, estea año tenemos la dicha, poco frecuente, de que el tercer domingo de Adviento, el Domingo de la Alegría coincide con la celebración de nuestra Madre Santísima de Guadalupe.

Así es, si lo analizamos con detenimiento podemos decir con sobrada razón que este 12 de diciembre de 2021 será para México como una gran celebración del día de su Santo o de su cumpleaños, independientemente de las fechas oficiales de la Historia, tales como el descubrimiento de América, la conquista y posterior independencia de nuestro país, la verdad es que para quiens somos católicos, tenemos este doble  motivo de alegría y de celebración, dado que históricamente la población de México se ha declarado católica en un alto porcentaje y una abrumadora mayoría se dice también Guadalupana.

En todo esto no hay casualidades ni coinicidencias azarosas, la España del Siglo XVI trajo consigo al Nuevo Mundo la Religión Católica, la evangelización de los indígenas, la difusión de la cultura, la atención de la salud por medio de la fundación de hospitales y la celosa atención a los enfermos por parte de mujeres que voluntariamente se consagraron a la labor de su cuidado, entre muchas otras cosas. Hoy en día subsiste todavía en algunos hospitales la valiosa colaboración voluntaria de las Damas Vicentinas, nombre adoptado de su fundador San Vicente de Paul, y también los voluntariados en múltiples hospitales públicos y privados, que aunque ya no hagan esa referencia, tuvieron ahí su origen.

Tan es cierto que uno de los objetivos principales de la conquista era la evangelización, que es más antiguo el primer libro Náhuatl-Castellano, desarrollado por los frailes para poder transmitir el mensaje del Evangelio a los indígenas, que la primera gramática que se escribiera en el mundo para la enseñanza del idioma Inglés.

No es casualidad tampoco que la imagen que Santa María de Guadalupe dejó estampada en el ayate de Juan Diego, esté tan llena de simbolismos, los cuales sería muy prolijo enumerar aquí, que han hecho que se llegue a considerar como todo un códice, en el cual los indígenas pudeiron entender ampliamente todo su significado como madre de Dios y madre nuestra, fenómeno que impulsó enormemente el proceso de conversión, documentado por la Historia, pues eran miles los que diariamente deseaban ser bautizados y abrazaban la nueva religión del Amor, que suprime los sacrificios humanos a los dioses porque el único sacrificio necesario y suficiente para nuestro perdón ya había sido realizado por Jesucristo, mediante su nacimiento que estamos próximos a celebrar, pasión, muerte y resurrección.

Estas y muchas otras verdades encontraron los indígenas en la imagen de Guadalupe, tan es así que a 490 años del suceso, las etnias de todas partes de nuestro país, del continente y de muchos lugares del mundo, se siguen dando cita el 12 de diciembre para honrarla y para conmemorar que haya escogido a nuestra Patria para quedarse con nosotros y para que busquemos y encontremos su auxilio, consuelo y protección como nuestra madre amorosa.

Ha habido a lo largo de la historia de nuestro país, diversos momentos en los que Santa María de Guadalupe ha unificado anhelos y corazones de los mexicanos. La tomó Hidalgo al inicio del movimiento independentista, Morelos siguió su ejemplo, fue ella y la religión católica las que inspiraron el Plan de Ayala con el que Agustín de Iturbide logra consumar la independencia, y fue ella también la que infundió valor y entusiasmo a nuestros compatriotas cuando en las épocas de Juárez, de Carranza y de Plutarco Elías Calles sobre todo, cuando nuestra Madre Iglesia, nuestra religión, sacerdotes y fieles sufrieron persecusión y miles dieron la vida en su defensa, unos pacíficamente como mártires, otros en la defensa activa como héroes.

No es casualidad tampoco que la letra de nuestro Himno Nacional haga clara referencia a esa manifestación de Amor que Dios tiene a nuestra Patria en las líneas de sus estrofas que dicen:

“Ciña ¡oh Patria! Tus sienes de olivo, 
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió”




Así es, estamos en Adviento, es el Domingo de la Alegría, es la celebración de María de Guadalupe.

¡México está de fiesta, mexicanos, estamos de fiesta!

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